DANZARIA nació en 2021 promovido por la Diputación de Badajoz con el objetivo de fomentar, dinamizar y hacer llegar una disciplina tan variada y emocionante como la danza, en sus más diversos estilos, a los municipios de la provincia.Fundalmentalmente a localidades pequeñas -algunas no superan los 500 habitantes- donde las corporaciones locales no tienen escasas posibilidad de programar eventos en los que participen grandes bailarines extremeños y nacionales.
Enmarcado en una política eficaz de socialización de la cultura y bajo el hagstag común de #PasiónporlaCultura en el que se enmarcan los múltiples proyectos que la institución provincial tiene en ese sentido, esa ha sido la esencia y razón de ser de Danzaria desde sus inicios.
En este sentido, en sus cinco ediciones (este 2026 se celebrará la sexta) el Festival ha recorrido más de 60 localidades de la provincia con un balance global de más de cinco mil espectadores.









En 2021, Danzaria anunciaba su primera programación que llegaría a diez poblaciones de la provincia y compuesta por tres espectáculos de compañías extremeñas. La del bailarín de flamenco contemporáneo Juan Carlos Guajardo, un chileno afincado en Extremadura; la de María Lama y la de Cristina Rosa.
Continuo crecimiento
A partir de aquella primera propuesta piloto y, motivado en parte, por la aceptación que tuvo, el festival comenzó a crecer tanto en número de espectáculos y compañías programadas -en 2025 fueron once compañías las participantes, como en localidades destino -llegó a 15 entidades locales el pasado año.
En estos años Danzaria se ha convertido en punto de referencia para jóvenes bailarines y creadores extremeños -Germen Dance Project, con Adrían Herrera y Alba Gog; Irene Naranjo; Álvaro Murillo,…-; y ha contado con la presencia de compañías de alcance nacional e internacional consolidado, como la de Fernando Hurtado, Alicia Soto, Chey Jurado o Ana Baigorri, también extremeña que volvió a su tierra para, de la mano de este Festival, estrenar ‘Atmos 3.0’.
También ha evolucionado el formato de los espectáculos, combinado la creación media de una hora con otra mucho más asequible de ‘micro-espectáculos’ que a modo de los ‘entremeses teatrales’ se han convertido en la oferta perfecta de atracción para un publico que la mayor parte de las veces no está iniciado en el mundo de la danza.





El cambio de formato ha supuesto también que Danzaria dejara de ser un festival ‘indoor’ para salir a la calle, representar muchas de sus propuestas al aire libre y buscar -y conseguir- esa relación directa con el público; esa emoción multiplicada con los rayos del sol o la iluminación propia del atardecer. Todo ello sin abandonar un ápice la calidad y la entrega de profesionales y equipo director.
En la calle y para todos
La idea primigenia de promocionar la danza contemporánea se refuerza con una singular programación de talleres, impartidos por los propios bailarines, abiertos a los ciudadanos y gratuitos.
Estos `’workshops’ se programan la misma mañana o la tarde anterior a que se ponga en escena el espectáculo; buscan introducir a la ciudadanía en el lenguaje de la danza contemporánea; enseñar al no iniciado -pues no hace falta tener conocimientos de danza- a explorar el movimiento individual desde la creatividad y la expresión personal y conectar al público con la obra que se representará después. En definitiva, fidelizar seguidores a la danza contemporánea.
Como resultado, la iniciativa es reclamo a modo de ‘masterclass’ para las escuelas de danza de la provincia; las asociaciones de mujeres de las localidades que encuentran una manera distinta de expresar sus emociones o los centros escolares que se encuentran con una actividad novedosa que ofrecer a los alumnos.
En esa pasión de Danzaria ‘de salir a la calle’ se buscan además esos espacios singulares que nos ofrecen las distintas localidades de la provincia de Badajoz.
Un auditorio al aire libre, adosado a una plaza de toros en Olivenza -la localidad que marca el inicio de la temporada taurina-; una corrala en Montemolín; una antigua iglesia reconvertida en teatro en Fuentes de León; un antiguo convento en Llerena; un centro cultural construido sobre ruinas romanas en Medellín o Templo de Diana emeritense, en el corazón de la Roma española, han sido escenarios perfectos para el desarrollo de las propuestas danzísticas del Festival.






